La mayoría de los estudios crecen contratando juniors, facturándolos con un buen sobreprecio y confiando en que el cliente no se dé cuenta. Nosotros nos negamos a crecer así. Cada persona de tu proyecto lleva al menos seis años poniendo software en producción: el socio con el que hablas en la llamada inicial es el ingeniero que escribe tu código, y no una capa comercial por delante de una subcontrata.
Trabajamos con total transparencia. Cada viernes ves software funcionando, tienes el repositorio desde el primer día y el presupuesto antes de arrancar. Si nos quedamos cortos en la estimación, ese coste lo asumimos nosotros, no tu runway. Y si algo no funciona, te lo decimos esa misma semana, no en la letra pequeña de una factura tres meses después.
No pretendemos abarcarlo todo. Lanzamos productos web y móviles, los lanzamos bien y los lanzamos en semanas. Si un proyecto necesita algo que se sale de ahí (un equipo de growth, una agencia de publicidad, un reclutador), te lo decimos y te presentamos a alguien de confianza. Nada sale más caro que te vendan lo que no necesitas con una sonrisa.